domingo, 11 de febrero de 2007

La filosofía y las certidumbres.


Este es otro extracto de lo que escribo.... parte mas bien de una segunda parte que trata de ir desarrollando la discusión sobre la despotenciación de la acción, la incertidumbre social y la filosofía....

* no se quien habra hecho estas ilustraciones inspiradas en Alicia en el Pais de las maravillas, mis respetos a su autor.

¿Qué tan antigua es esta búsqueda de seguridad y fundamentos?. Tan antigua como la misma filosofía, en la medida que ella se definió a sí misma como ciencia de los principios sólidos y fundantes de todo saber. La elaboración de éste discurso filosófico se puede analizar desde su extensión y profundidad. Extensión: la filosofía ha de poder abarcar la totalidad de lo existente, siendo la universalidad su pretensión inmanente. Profundidad: ella se define como la búsqueda de los primeros principios y primeras causas
[1]. Esta motivación esta en Platón, bajo la forma de anhypotheton (reminiscencia esencial), en Aristóteles bajo la forma de episteme, y en Descartes, en el contexto moderno, como búsqueda de fundamentos para toda la arquitectónica del saber, fundamento se encuentra en la certeza del cogito.
Kant entiende la tarea de fundamentación como una crítica de las condiciones de posibilidad del conocimiento y la acción
[2]. Implica un juzgar y criticar el uso de las facultades humanas, el conocimiento ya adquirido, el uso social de ese conocimiento, su desempeño como pretensiones de validez en la sociedad y como discursos justificatorios de la acción personal y colectiva. Esta forma es lo que se conoce como capacidad critica. Hegel pensó ese fundamento como unidad de la naturaleza y la historia en el discurso filosófico bajo el concepto de absoluto. Husserl se plantea la misma problemática cuando busca erigir la filosofía como una ciencia estricta.

Hoy la sensación de crisis, la emoción del miedo y la angustia acompañan esta era de cambios de paradigmas, ante la cual la filosofía le compete una labor aclaratoria, orientadora en el mundo
[3]. Esta perspectiva se acerca a la solución filosófico – científica que pretendía Husserl para la crisis europea previa a la explosión de la segunda guerra mundial. Esta empresa filosófica siempre se ha sido entendida como compuesta de dos momentos: el teórico y el práctico. El primero como actividad contemplativa del mundo que se vive, el segundo como actividad comprensora y transformacional del entorno. La idea de la filosofía es comprender y cambiar las relaciones entre naturaleza – ser humano – sociedad[4].
El cambio de situación en el último tiempo esta marcado no tanto por la búsqueda de fundamentos sino por el debilitamiento de la confianza en esta búsqueda, o llanamente, por el rechazo mismo de esta búsqueda. Muchos rasgos de la filosofía contemporánea se identifican como formas de escepticismo y relativismo, que incluso tienden a ver cualquier pretensión de un conocimiento o norma universal como una falsa ilusión o como un deseo de poder totalitario encubierto. A la par, y sin pronunciarnos aun si existe o no una conexión con algún determinado tipo de filosofía, en la sociedad se ha instalado la creencia de que la razón política es incapaz de encauzar la vida pública, que cualquier forma de pensamiento que pretenda limitar la libertad del individuo en nombre del bien común o la sociedad es negativo, y que toda reflexión que apunte a una concepción diferente o alterna es anticuada, inviable, y peligrosa. (...)

[1] BENGOA RUIZ DE AZÚA, J. De Heidegger a Habermas. Herder, 1992. pág.: 7
[2] BENGOA RUIZ DE AZÚA, J. De Heidegger a Habermas. Herder, 1992. pág.: 8
[3] BOEHM, Ulrich. Filosofía Hoy. Pág.: 45
[4] HOFFE, Otfried. Historia de la filosofía. Pág.: 359

sábado, 10 de febrero de 2007

Reflexiones sobre la Incertidumbre social.


Este es un fragmento de una cosilla que estoy escribiendo, coloque sus críticas (constructivas).
* La imagen es del artista gráfico de origen cubano LAUZAN conocido por sus dibujos en el diario THE CLINIC.


Vivimos una época en la cual una creencia paradojal se ha instalado en nuestras mentes: por un lado tenemos la idea que nuestras sociedades occidentales – desarrolladas han alcanzado el mayor grado de libertad posible, pero por otro hemos perdido la confianza y la fe en que las acciones colectivas puedan modificar el orden o la lógica con que funciona la sociedad, llegándonos incluso a parecer poco razonable cualquier transformación[1]. Puesto en sus palabras: “el incremento de la libertad individual puede coincidir con el incremento de la impotencia colectiva”[2].
Claramente la consecuencia descrita es ético – política, pero el modelo o paradigma que le da base afecta muchas otras dimensiones, sean estas científicas, éticas, estéticas, etc. Hemos llegado a una situación tal que el pensamiento mismo se representa como agotando sus posibilidades, limitándose a tal manera así mismo, que toda posibilidad de pensar diferente, de oponerse, de ejercer resistencia, termina siendo presentada como fútil y vana. La “impotencia colectiva” tiene una dimensión anclada en un pensamiento que se clausura a sí mismo perdiendo la capacidad de comprensión crítica, la sensibilidad y el asombro ante su mundo, cerrando para sí también la posibilidad de auto – controlarse y limitarse en un sentido que contradiga la facticidad social e histórica que se le impone. Curiosamente esta facticidad tiene que ver con el deseo de “dejar hacer libremente” sin trabas, pero cuando se vislumbra como necesaria alguna contención o restricción este pensamiento se vuelve sorprendentemente rígido. Los efectos de un pensamiento estrechado van aparejados a una privatización constante de la vida y a la desaparición de los espacios públicos o compartidos donde se ejerza el debate y la crítica abierta que culmina incluso, en la carencia de auténticos “temas públicos”
[3].
El costo de que la reflexión se vea mermada es que perdemos la capacidad de hacer frente a nuestros problemas y orientarnos en nuestra vida. Esta es una seria perdida de autonomía y libertad, pues terminamos cayendo en la resignación, la fatalidad, o en la dependencia. Una de las manifestaciones más dramáticas es el auge de la sensación de “Unsicherheit”, termino que Bauman traduce y asocia a “incertidumbre”, “inseguridad” y “desprotección”
[4]. Esto tiene consecuencias concretas como la verdadera obsesión por la seguridad que se hace presente en la vida vecinal de las modernas urbes. Nuestra propuesta es que la filosofía puede ayudarnos a recuperar algunas certidumbres para poder luchar adecuadamente para salir de la inseguridad y de la desprotección.
[1] Bauman. En busca de la política. pág.: 9
[2] Bauman. En busca de la política. pág.: 10
[3] Bauman, en busca de la política. pág.: 10
[4] Bauman. En busca de la política. pág.: 13